María (Nuestra Señora de Las Lajas)
María, Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, ocupa un lugar central en la historia de la salvación. Elegida por Dios para ser la Madre del Salvador, acogió con fe y humildad su voluntad, convirtiéndose en modelo perfecto de confianza, obediencia y entrega.
Desde los primeros tiempos del cristianismo, la Iglesia reconoce en María a la llena de gracia, preservada del pecado original desde su concepción por un don especial de Dios. Este misterio, conocido como la Inmaculada Concepción, manifiesta la pureza con la que fue preparada para recibir al Hijo de Dios en su seno.
En el momento de la Anunciación, el “sí” de María marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Con sus palabras: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), abrió el camino a la Encarnación de Jesucristo y a la redención del mundo. Por ello, la Iglesia la reconoce como verdadera Madre de Dios, no porque sea origen de la divinidad, sino porque es madre de la persona de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.
María acompañó a su Hijo en todo su camino, desde su nacimiento hasta la cruz, permaneciendo firme en la fe incluso en los momentos de dolor. Su vida es testimonio de fidelidad, silencio, fortaleza y amor incondicional. Por esta razón, la tradición cristiana la venera también como siempre Virgen, signo de su entrega total a Dios.
En el Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas, María es venerada como madre cercana y protectora de los peregrinos. Miles de fieles llegan cada año a este lugar de fe para encomendarle sus necesidades, agradecer favores recibidos y renovar su esperanza. Aquí, la devoción mariana se vive de manera profunda, como un camino seguro hacia Jesucristo.
María no solo es ejemplo de fe, sino también acompañante espiritual. Su mensaje sigue siendo actual: confiar en Dios, vivir con sencillez y mantenerse abiertos a su voluntad. En Las Lajas, su presencia espiritual inspira reconciliación, paz interior y encuentro con Dios.
Oración a Nuestra Señora de Las Lajas
Oh Santísima Virgen de Las Lajas,
Madre llena de ternura y de misericordia,
refugio de los que sufren y consuelo de los afligidos.
Hoy acudimos a ti con fe y confianza,
sabiendo que nunca abandonas a quienes te invocan con amor.
Intercede por nosotros ante tu Hijo Jesucristo,
para que nos conceda fortaleza en las dificultades,
paz en el corazón y esperanza en los momentos de prueba.
Virgen bendita de Las Lajas,
acoge nuestras súplicas, nuestras familias y nuestras necesidades.
Guíanos por el camino de la fe,
y ayúdanos a vivir siempre en el amor de Dios.
Que bajo tu protección maternal
encontremos consuelo, perdón y salvación.
Amén.